Uno de estos relatos que escribes, no quieres publicar y con el tiempo toma otra perspectiva distinta (o ese... nosequédequéseyo) y ya puedes publicarlo. Tantos y tantos ejemplos.
- Por favor, pase, pase, ¿Sabe porque está aquí verdad? – El hombre de traje del otro lado del escritorio tenía la cara seria y un tono neutro de voz. Muy tranquilo, como quien sabe que hace su trabajo y que lo hace bien.
- Buenas tardes. No, no lo tengo muy claro. Bueno, una ligera idea… Mire, déjeme explicarme… Yo – Empecé a decir.
- No, no hace falta que se explique. Ya he oído demasiadas veces demasiadas explicaciones. Son siempre las mismas, adornadas con más o menos mentiras y resumidas o con un excesivo análisis. Prefiero omitir eso. ¿Usted realmente cree que podría seguir aquí?
- Bueno… Sé que no es como antes, pero todavía puedo hacer cosas bien. No sé si recuerda el día en que…
- Si, si, todos tenemos algún magnifico día que recordar y espero que lo guarde con mucho cariño. Pero ¿Se ha parado a mirarse alguna vez al espejo?
- Bueno, no suelo…
- ¡Pues debería soler! Mírese en aquel espejo de pie. ¿Qué ve?
- Un payaso.
- No, mírese bien. Mírese de verdad. ¿Ve un payaso? ¿Dónde están los colores? ¿Dónde la sonrisa? ¿Donde la gracia? ¿Lo ve? ¡Ya no eres tú!
Y de pronto la imagen que tenía ante sí cambió. Ya no estaba delante de un espejo lleno de colores con grandes zapatos y nariz rojos, acababan de desaparecer los tirantes, los colores vivos y el pelo de colores. También dejó de ver su sonrisa: una cara sería llenaba su rostro, con unos ojos expresivos que chillaban por intentar dar su opinión pero que no pudieron darla.
En aquel espejo realmente se vio tal y como era. Y no le gustó demasiado.
- ¡Puedo cambiar de nuevo! ¡Volveré a vestir de colores, volveré a sonreír, volveré a ser yo!
- Con eso sólo lograrías llegar a ser un bufón. Has de aceptarlo. Este ya no es tu sitio. Tendrás que dejar el circo. Vete recogiendo las cosas.
Volvió a mirarse en el espejo antes de salir.
“Volveré a ser un payaso y se lo restregaré por la cara mientras doy volteretas en el aire. Volveré a ser yo mismo… pero hasta que ese día llegue tendré que aprender a convivir con el blanco y el negro en que me he convertido… Un triste Mimo callejero”
- Por favor, pase, pase, ¿Sabe porque está aquí verdad? – El hombre de traje del otro lado del escritorio tenía la cara seria y un tono neutro de voz. Muy tranquilo, como quien sabe que hace su trabajo y que lo hace bien.
- Buenas tardes. No, no lo tengo muy claro. Bueno, una ligera idea… Mire, déjeme explicarme… Yo – Empecé a decir.
- No, no hace falta que se explique. Ya he oído demasiadas veces demasiadas explicaciones. Son siempre las mismas, adornadas con más o menos mentiras y resumidas o con un excesivo análisis. Prefiero omitir eso. ¿Usted realmente cree que podría seguir aquí?
- Bueno… Sé que no es como antes, pero todavía puedo hacer cosas bien. No sé si recuerda el día en que…
- Si, si, todos tenemos algún magnifico día que recordar y espero que lo guarde con mucho cariño. Pero ¿Se ha parado a mirarse alguna vez al espejo?
- Bueno, no suelo…
- ¡Pues debería soler! Mírese en aquel espejo de pie. ¿Qué ve?
- Un payaso.
- No, mírese bien. Mírese de verdad. ¿Ve un payaso? ¿Dónde están los colores? ¿Dónde la sonrisa? ¿Donde la gracia? ¿Lo ve? ¡Ya no eres tú!
Y de pronto la imagen que tenía ante sí cambió. Ya no estaba delante de un espejo lleno de colores con grandes zapatos y nariz rojos, acababan de desaparecer los tirantes, los colores vivos y el pelo de colores. También dejó de ver su sonrisa: una cara sería llenaba su rostro, con unos ojos expresivos que chillaban por intentar dar su opinión pero que no pudieron darla.
En aquel espejo realmente se vio tal y como era. Y no le gustó demasiado.
- ¡Puedo cambiar de nuevo! ¡Volveré a vestir de colores, volveré a sonreír, volveré a ser yo!
- Con eso sólo lograrías llegar a ser un bufón. Has de aceptarlo. Este ya no es tu sitio. Tendrás que dejar el circo. Vete recogiendo las cosas.
Volvió a mirarse en el espejo antes de salir.
“Volveré a ser un payaso y se lo restregaré por la cara mientras doy volteretas en el aire. Volveré a ser yo mismo… pero hasta que ese día llegue tendré que aprender a convivir con el blanco y el negro en que me he convertido… Un triste Mimo callejero”