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martes, 24 de agosto de 2010

Un mal día

Bastante tenía con sus problemas.

Ya harto de ver malas noticias por la televisión y de recibirlas por la radio Arturo Pérez decidió comprar el periódico y hacer una criba. Sólo iba a leer las partes del periódico que no tuvieran la palabra “crisis”.

Pasó por alto la sección internacional y la nacional, no se hablaba de otra cosa. En la provincial también salía la maldita palabra. Cultura, deportes, televisión… Cuando acabó el periódico tenía la papelera llena y dos hojas en la mano.

“Algo que leer para desconectar” pensó mientras descubría que sólo le quedaba en la mano la sección de contactos. Así que decidió que las ironías no solucionarían su problema y cogió el teléfono para llamar a su novia.

Tenían que hablar.


He decidido dejar de lado las postales y cambiar un poco. Y dado que la biblioteca es un sitio inspirador, lo mejor es aparcar los estudios para escribir este relatillo para "Diario de Anonima Mente" que conocí por Acuática. El tema es la crisis. A ver si vuelvo a coger rodaje, que la biblioteca me ha llenado de ideas.

miércoles, 6 de enero de 2010

Reyes Magos

Y al abrir la puerta, y antes de desilusionarse, pensó que lo que les había pedido a los reyes jamás podrían haberlo envuelto en una de sus cajitas con lazo.

martes, 17 de noviembre de 2009

Carmen Laforet

Cómo se nota los días que estoy inspirado...











... Y los que no.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Soledad

En días cómo hoy, se te ocurren cosas cómo ésta.

“Uno se puede sentir sólo aunque este rodeado de gente…”.

La frase volvía una y otra vez a su cabeza mientras se repetía que la cosa iba a cambiar, que no iba a ser así y que todo tiende a mejorar… Pero en aquella oscuridad no era capaz de ver la luz que le indicase la salida.
Al principio intentó gritar. Pateó. Lloró. Y cuando vio que no tenía solución lo mejor que se le ocurrió hacer es… nada.
¿Era posible que nadie le oyera? No, seguro que alguien le había oído. Pero se habrían asustado… La gente no tiene miedo de nada, porque huyen de ello.
Pensó en la gente oyéndole y saliendo corriendo, y empezó a reírse, cada vez y más fuerte, hasta que su voz retumbó por todas partes dentro de su cubículo…

Tan sólo los cipreses y miles de oídos sordos oyeron aquella risa desesperada.